En el contexto de una clase sobre arte y economía (parte de un curso de Teoría del Arte Contemporáneo), un alumno comentó sobre un artículo publicado en la revista Semana Económica en el que se recomienda cinco jóvenes artistas peruanos como una potencial buena inversión en arte (Lucía Rodrigo, “En busca del talento escondido”, Semana Económica, 13 de abril, 2014, Nº1417, pp.34-36).

El alumno abrió su Facebook y leyó en voz alta parte del texto (colgado en alguna foto), lo que dio lugar a una discusión interesante acerca de la idea de que el mercado del arte es una “economía del convencimiento” y de los procesos de legitimación y validación institucional a la que está ligada.

Dado que el sistema artístico funciona a partir de ciertos consensos que dan lugar a la (re)valoración estética y económica, en la lógica de la inversión económica, no hay nada tan valioso como poder anticipar el consenso. Es decir, la ganancia mayor estaría en el descubrimiento. De ahí que el artículo señalase que “[la revista] SE ha seleccionado a cinco artistas emergentes peruanos que considera serán los próximos Google o Facebook del mundo artístico”.

Cuando hablamos de arte emergente, el juego entre legitimación presente y posible valoración futura es particularmente complejo. En un escenario como el limeño, en donde el mercado está aún en proceso formativo, el tejido institucional no es grande ni está consolidado de manera pareja y el manejo de criterios profesionales/académicos es cosa de muy pocos (incluso dentro del mismo núcleo del mundo del arte), es predecible que haya poca comprensión de cómo se da esta relación. Ello puede verse ilustrado en la poca solvencia de los argumentos dados por la revista para avalar sus recomendaciones (independientemente del mérito que puedan tener o no tener esos artistas sugeridos).

Para solo mencionar un par de instancias, el artículo sostenía sobre uno de los artistas que “[s]u visión y su compromiso con el arte aseguran su evolución artística”, cuando en sí mismo concluir una formación artística y buscar entrar al circuito profesional entraña dicho compromiso (no es infrecuente que alguien estudie artes en contra de la voluntad de sus padres) pero no garantiza ninguna evolución.

En cuanto a la “visión” del artista, líneas abajo se lo cita diciendo que él no concibe “un futuro sin tener el dibujo o la pintura de por medio”. Pero resulta difícil entender la garantía que dicha visión ofrecería, tomando en cuenta que las consideraciones de virtuosismo técnico y manejo de medios tradicionales no importa en cuanto a la aceptación o rechazo de un artista en el mundo del arte contemporáneo.

En el caso de otro de los artistas seleccionados, se menciona que la constancia en su producción “permite observar su maduración y evolución, factor clave a tener en cuenta al invertir en arte.” Pero, extrañamente, también se menciona que el artista está preparando su primera individual. Si bien es cierto que en materia de asesoría y consultoría artística se emplean los criterios de maduración y evolución, resulta paradójico hablar de “maduración” en este caso.

Como cualquier profesor/a de artes plásticas puede atestiguar, la maduración y evolución—conceptos ligados a procesos temporales—se dan a partir de una suma de experiencias de cotejo y no la sola producción constante. La constancia importa pero no determina. A fin de cuentas, se puede insistir en el error. Y es a partir de la articulación de proyectos más complejos y ambiciosos (como las exposiciones individuales, por ejemplo) que impliquen someterse a la opinión pública y, sobre todo, al escrutinio especializado, que la constancia adquiere sentido y que la evolución surge como una posibilidad real: ya no el progreso del estudiante, sino la evolución del artista profesional.

Hubiese sido más válido que el artículo dijese que este artista emergente es prometedor, talentoso, interesante o algo por el estilo y no aludir a conceptos aplicables a artistas que han avanzado más en su carrera. No es un asunto de mero rigor académico; lo que está en juego es la diferencia entre un informe y un brochure publicitario.

En ese sentido, tal vez lo más interesante que revela el artículo es cómo se intenta poner en marcha esa dinámica de legitimación y validación desde el mismo lugar que dice reportarla. Dicho de otro modo, la selección hecha por la revista sería el implícito (y principal) respaldo a la promesa de rédito económico que se insinúa a través del paralelo de los artistas emergentes con las start-ups tecnológicas y con Google y Facebook.[1]

Es importante apoyar el desarrollo del mercado artístico local, como pretende la revista, y es lógico el timing del artículo, publicado luego de la pasada feria (Art Lima) y días antes de la inauguración de la feria PArC. Pero se diría que ese mercado artístico con sentido de inversión económica que se pretende promover aún no se vislumbra claramente cuando los criterios profesionales que se aplican a la inversión no parecen haber sido plenamente entendidos por quienes intentan impulsar ese tipo de mercado.

Acaso la maduración que importaría evaluar aquí no es la de algunos/as artistas emergentes, sino la del propio mercado artístico local. Pero dicha maduración aún queda por sopesarse no solo a partir de cifras y volúmenes de ventas, sino también de perfiles de compradores, cambios en las preferencias estéticas y las transformaciones del aparato de comercialización y sus dinámicas de funcionamiento de cara a las instituciones culturales.

Las recientes notas, artículos y textos sobre inversión en arte de algunas publicaciones locales de economía y finanzas más que apuntar a tal maduración del mercado de arte, dan cuenta de una búsqueda por catalizarla. ¿Pero eso es suficiente para lograrlo? ¿Qué tipo de estímulo se necesita en virtud del momento que atraviesa este mercado? ¿Y qué momento es ese? Al finalizar esta segunda feria, con algunos datos combinados, quizás podríamos tener una mejor idea de este proceso.


[1] Es preciso recordar que cuando una revista de finanzas alude a Google y Facebook, la idea de ganancia que invoca es cuantificable. Para ilustrar la magnitud de la ganancia insinuada, esta misma semana el Investor’s Business Daily reportaba que las acciones de Google han incrementado su valor en 1,171% desde su debut en 2004. http://news.investors.com/technology/042314-698153-google-executives-stock-voting-power-linked-to-growth.htm?p=full

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