La dirección de la feria Art Lima debe haber descubierto, con el café de la mañana, que una desazón mayúscula y colectiva no se repara tan solo con un comunicado. Más aún cuando más que ofrecer disculpas por un error garrafal, se quita cuerpo.

Sobre el trasfondo ya hay relatos interesantes (como este), por lo que solo quiero resaltar un par de puntos sobre el comunicado mismo:

Primero. Plantean que “[d]esafortunadamente, la coyuntura ha hecho que la firma de este auspicio haya tenido una interpretación política que es totalmente ajena a las intenciones que motivaron su firma”.

Su sorpresa ante ello resulta incomprensible, sobre todo considerando que la dirección de la feria ha declarado que su ventaja comparativa es ser peruanos y vivir en el Perú, lo que les daría un conocimiento de primera mano de la realidad nacional. No es “desafortunado” el que se haya hecho una lectura política del convenio porque no tiene nada que ver con la fortuna, buena o mala. Aquí no se produjo un evento fortuito que “desafortunadamente” coincidió con la firma del convenio. En el ámbito cultural limeño, la pésima gestión cultural de Castañeda es el tema más comentado y discutido desde hace meses.

Segundo. Plantean que el problema de fondo es que “el auspicio no ha sido bien recibido por parte de nuestra comunidad artística”.

Decir esto supone que el problema está del lado del receptor, que no ha sabido entender la intención del convenio. Pero el problema no es la recepción del convenio. El problema es el convenio en sí, precisamente en medio de esta coyuntura. Contra lo que quizás creen, las coyunturas no soy “coyunturales”. La política (incluida la cultural) está hecha de coyunturas. De hecho, la mismísima existencia de las ferias en Lima es también producto de la coyuntura. Por ello, es absurdo pensar que es posible leer un convenio de un supuesto apoyo cultural por parte de Castañeda al margen de la política cultural de la Municipalidad de Lima.

Si la intención era, como dice el comunicado, posicionar a la feria para que esté “a la altura de las de las principales de la región”, habría que decir que eso se logra con el trabajo conjunto de todas las trabajadoras y trabajadores que producen el evento y no con un convenio impulsado, a todas luces, unilateralmente.

El artista Alfredo Márquez ya ha anunciado que mantiene su alejamiento de la feria, para evitar el triunfo del pragmatismo más cínico. En otras palabras, no quiere que se piense que se puede intentar seguir actuando así, “a ver si cuela”. También Ramiro Llona mantiene su posición. Y no son los únicos. Este es el efecto de “posicionamiento” logrado. Una lástima pero era algo previsible.

Una decisión de tamaña magnitud como firmar un acuerdo con Castañeda en medio del actual contexto político—y tomarse una foto con él (de ahí que se hable de un “lavado de cara”)—tendría que ser, como mínimo, comunicada previamente a las personas que vienen trabajando esforzadamente en la feria desde hace meses, para que tengan oportunidad de opinar. Porque para imponer decisiones nefastas en cultura ya tenemos al alcalde.

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